viernes, 30 de junio de 2017

La pedofilia, la pederastia, la homosexualidad, el clero y la Iglesia Católica

Cuando lo que realmente importa es destruir a la Iglesia, lo fundamental es la instrumentalización de las víctimas de la pederastia.

Se quiera reconocer o no la pederastia en la Iglesia en la mayoría de los casos es homofílica 

 Este post lo ha provocado la desagradable noticia de la detención, y posterior ingreso en una clínica de desintoxicación, del secretario del cardenal Coccopalmerio cuando participaba en una orgía homosexual y consumo de drogas en el Vaticano.


La pederastia, los abusos de menores del mismo sexo, de adolescentes, sacerdotes que no cumplen con el celibato, son situaciones que se dan en la Iglesia. Unos gravísimos porque se han materializado en niños inocentes que depositaban toda su confianza en un predador sexual homofílico, en un pederasta que se presentaba públicamente como representante de de Cristo.

Precisamente, el que la mayoría de los casos de pederastia  en la Iglesia (60%) se den entre sacerdotes y niños del mismo sexo ha despertado una gran polémica ya que se ha relacionado, creo que precipitadamente, pederastia y homosexualidad.

Para comprender algo más la situación debemos distinguir entre pedofilia (sentir atracción sexual por menores de edad). La pedofilia, a su vez, puede ser homofílica (por menores del mismo sexo) o heterofílica (menores del sexo contrario). Hay quién insiste machaconamente en que una cosa es la pedofilia (incluso dicen, legítima y no penalizada) y otras la pederastia (cuando se produce el abuso o agresión sexual). Si bien es cierto que no todos los pedófilos abusan de menores, igualmente es cierto que todos los pederastas son pedófilos. Por tanto, ser pedófilo es tener una parafilia necesaria para que se produzca la pederastia.

En un post anterior abordo el tema de la relación entre pedofilia/pederastia y homosexualidad, en el que intento demostrar que, hoy por hoy, no hay evidencias que la apoyen.

Insisto en este tema porque la Iglesia se empeñan en establecer esta relación, apoyándose en los casos de pederastia producidos en su seno. Sin embargo, solo puede afirmarse que el 60% de los casos de abusos se ha producido por PEDERASTAS HOMOFÍLICOS. Es decir, por pederastas, y el 30% por pederasta heterofílicos. En ambos casos, por tanto, se ha producido por PEDERASTAS, que no es lo mismo que homosexuales.

Por tanto, lo que si podemos afirmar es que la moral sexual oficial que nos enseña la Iglesia se encuentra bastante relajada entre muchos de los que tienen la obligación de dar ejemplo de ella.

Los católicos más progresistas la justifican por la existencia del celibato obligatorio, los más tradicionalistas como una consecuencia inevitable de Concilio Vaticano II. Sin embargo, creo que el asunto obedece a razones más profundas.  Desde los años 70  ha ido penetrando en el tejido social y, por tanto, también en la Iglesia, una nueva visión de la sexualidad. Si bien antes se potenciaba el binomio sexualidad/amor, en nuestros días lo sobresaliente es la sexualidad/genitalidad, aunque confundiendo intencionadamente la palabra amor con la expresión genital de la sexualidad. Esto ha calado profundamente a través de la instrumentalización del lenguaje: "hacer el amor", "amor libre", "expresión libre del amor entre parejas del mismo sexo, de sexo contrario, pedofilia, bestialismo etc.. ". 

Esta nueva visión del amor como expresión de la genitalidad ha penetrado profundamente en nuestra sociedad dando lugar a una pérdida absoluta del valor del amor auténtico, responsable y de compromiso de la auténtica sexualidad. Han desaparecido las barreras morales, sociales y políticas para que cada cual exprese sus deseos como le apetezca porque cualquier expresión de la misma posee el mismo valor.


Esta filosofía, esta revolución sexual, esta estrategia globalizada para eliminar cualquier barrera sobre la expresión sexual ha calado dentro de la Iglesia porque no vivir en absoluta libertad, sin trabas morales, lo que a cada uno se le ocurra según su deseo, conduce a la incompletud de la realización del ser humano. Dicen los que defiende estas nuevas teorías que no hay realización humana si no hay realización espiritual y sexual.

Desgraciadamente, no es solo que haya penetrado en la iglesia la teoría crítica, W. Reich, Marcuse etc.., sino también el agnosticismo, el materialismo, y la necesidad patológicamente narcisista  de medrar a las mayores cotas de poder. Mientras el papa Francisco habla de los pobres, alrededor suyo, muy cercanos a él, nos encontramos a auténticos sinvergüenzas que están produciendo un daño inmenso a la Iglesia.

Tolerancia cero, con compasión y con misericordia, pero que todos estos destructores de una iglesia bimilenaria, pasen al estado laical o la cárcel. ¡¡A donde corresponda!! . Porque si siguen creciendo, què pinto yo dándoles su apoyo como laico. Que no me utilicen más con sus palabras falsas, que no se presenten jamás en nombre de Jesús, que no instrumentalicen el evangelio para conseguir prebendas absolutamente mundanas.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Prevención del suicido: Un teléfono de la esperanza para los sacerdotes irlandeses

El enemigo de la Iglesia se encuentra en su seno. Cada vez se nota más su labor destructiva, sin que la reacción por parte de los segui...